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Las lenguas romances (también denominadas lenguas románicas o neolatinas) son una rama indoeuropea de lenguas estrechamente relacionadas entre sí y que históricamente aparecieron como evolución del latín vulgar. Debe entenderse por vulgar su sentido etimológico de ‘hablado por el pueblo’ y como opuesto al latín clásico, fundamentalmente de uso en la literatura. Así entendido, el latín vulgar podría considerarse una variante vernácula, el idioma de la calle utilizado cotidianamente por los romanos. La lengua romance más hablada es con diferencia el español, hablado por más de 400 millones de personas.
editar Ubicación e historia (La Romania)Estas lenguas se hablaban y se siguen hablando en un territorio que recibe el nombre de Romania, y que cubre en su mayor parte el sur europeo del antiguo imperio romano. Los términos “romano/a” y “Rumania” proceden efectivamente del adjetivo latino romanus: se consideraba que sus hablantes empleaban una lengua tomada de la de los romanos, por oposición a otras lenguas presentes en los territorios del antiguo Imperio, como el fráncico en Francia, lengua de los francos perteneciente a la familia de las lenguas germánicas. El primer escrito en que se encuentra el término “romano”, de una manera u otra, se remonta al sínodo de Tours, en el año 813. Es a partir de ese sínodo en que se considera que la primera lengua vulgar se separa del latín, y se designa en efecto como una lengua aparte. Se trata de una forma de proto-francés, que recibe el nombre de romana lingua o román. No obstante, en los Cartularios de Valpuesta, hay un texto anterior que data del año 804, y está escrito en español muy antiguo. La evolución del latín vulgar hacia las lenguas románicas se fecha, grosso modo, de la siguiente manera:
editar Características comunesAunque las lenguas romances representan evoluciones divergentes del latín, sus rasgos comunes de hecho se deben prácticamente siempre al resultado de retener algún aspecto lingüístico que ya estaba en latín, y en muchos menos casos al efecto de la influencia común de otra lengua sobre varias lenguas románicas. Las características principales presentes en todas las lenguas románicas son:
editar Del latín clásico al latín vulgar
En la antigua Roma existía una situación de diglosia: el latín de los textos literarios o sermo urbanus (o ‘discurso urbano’, es decir, refinado) se encontraba estancado por la gramática (como ya lo estaba el sánscrito en la misma época en India). Por lo tanto la lengua de cada día no era el latín clásico sino una forma distinta aunque cercana, en un proceso de desarrollo más libre, el sermo plebeius (‘discurso plebeyo’). El sermo plebeius era la lengua cotidiana del pueblo llano, los comerciantes y los soldados y podemos identificarlo ampliamente con el latín vulgar que nos es conocido sobre todo por citas indirectas y críticas pronunciadas por los hablantes de un latín literario, así como por numerosas inscripciones, registros, cuentas y otros textos corrientes y además por la evidencia deducible a partir de las lenguas románicas. editar Primeras evidenciasUn testimonio importante del latín popular es el Satyricon de Petronio, una especie de “novela” escrita probablemente en el primer siglo de nuestra era y que fue pasando por los entornos marginales de la sociedad romana, es un testimonio importante de esta diglosia: los personajes se expresan —según su categoría social— en una lengua más o menos próxima al arquetipo clásico. Otra fuente importante, es el Appéndix Probi una especie de compilación de "errores" frecuentes, recopilados por un tal Probus, que data del siglo III de nuestra era. Son estas formas, y no sus equivalentes en latín clásico, las que se encuentran en el origen de las palabras utilizadas en las lenguas romances. He aquí algunos ejemplos de “faltas” citadas por Probus (según el modelo A non B, ‘[diga] A, no B’), clasificadas aquí según el tipo de evolución fonética y acompañadas de comentarios que permiten señalar las principales diferencias entre el latín clásico y el latín vulgar. editar Cambios fonéticosEntre los principales cambios fonéticos registrados tanto en el Appéndix Probi como en otras inscripciones están:
editar Transformación del sistema morfosintácticoLas lenguas romances se caracterizan por una reducción de la flexión nominal tanto en número de casos como de paradigmas diferentes. Presumiblemente, esto se produjo por algunos cambios fonéticos que afectaron a las consonantes finales y también como resultado de la analogía morfológica. La única lengua románica moderna que posee marcas de caso en el sustantivo es el rumano que retiene tres casos diferentes, cuando el latín tenía cinco (o seis si se cuenta, el vocativo que era bastante defectivo). De las lenguas románicas testimoniadas más antiguamente sólo el antiguo occitano y algunas variedades de romanche tenían también caso, pero las variedades modernas ya no tienen oposición de caso. Igualmente de los tres géneros del latín clásico, la mayoría de lenguas sólo conservan dos en el sustantivo (a veces en el pronombre todavía retienen el género neutro). El número gramatical se ha conservado sin modificaciones importantes, existiendo singular y plural en todas las lenguas. La flexión verbal retuvo en un grado mucho mayor la variedad de categorías y formas diferenciadas de latín clásico. Aunque las formas sintéticas de voz pasiva se perdieron completamente en todas las lenguas, siendo substituidas por construcciones analíticas. Una suerte similar corrieron gran parte de las formas de perfecto que fueron substituidas por construcciones analíticas. editar El léxico del latín vulgarEn gran medida el léxico fue conservado en las lenguas románicas, aunque una porción del léxico del latín clásico que aparecía en contextos más formales fue substituido por términos más populares, elimininándose del uso, los términos propios de la lengua más culta. Algunas palabras latinas han desaparecido completamente y han sido reemplazadas por su equivalente popular: caballo, equus en latín clásico (de donde provendría "equitación" en español, por ejemplo, o "equino" como sinónimo de "caballo"), pero caballus (palabra, quizás, de origen celta que significaba ‘penco’ o ‘jamelgo’) en latín vulgar. La palabra se encuentra en todas las lenguas románicas: caval en occitano, cavall en catalán, cabalo en gallego, caballu en asturiano, cavallo en italiano, cal en rumano, chavagl en romanche, cheval en francés, tchvå en valón, etc. Por otra parte, si ciertos términos clásicos han desaparecido, no siempre han sido reemplazados necesariamente por la misma palabra en latín vulgar. El término culto en latín clásico correspondiente a ‘hablar’ es loqui (pronunciado "locui"). Fue sustituido por:
Finalmente, algunas lenguas romances continuaron usando las formas clásicas, mientras otras menos conservadoras, se sirvieron de las formas vulgares. El ejemplo empleado tradicionalmente es el del verbo “comer”:
En cuanto a los préstamos más antiguos estos procedieron principalmente del griego helenístico (Koiné) y las lenguas germánicas (principalmente el gótico). A partir de los siglos X y XI también hubo un cierto número de préstamos para conceptos tecnológicos y científicos procedentes del árabe clásico. Más recientemente se introdujeron cultismos y neologismos a partir de raíces del griego y latín clásicos (estos últimos se caracterizan por no presentar los cambios fonéticos tipos del léxico patrimonial) y también un buen número de palabras procedentes de otras lenguas para plantas, animales y realidades que los europeos encontraron en su expansión colonial. Actualmente la principal fuente de préstamos léxicos en las lenguas románicas es el inglés, especialmente influyente en tecnología, léxico de los negocios y economía o modas culturales. editar Las razones de la diversidad de las lenguas románicasExisten diversos factores sociolingüísticos para explicar la aparición de variedades lingüísticas diferenciadas en cada región geográfica, que con el tiempo darían lugar a lenguas diferentes, en algunos casos con muy poca inteligibilidad mutua. editar Teoría de la evolución divergenteLa evolución fonética natural de las lenguas —a la cual naturalmente no escapó el latín— explica en gran parte las importantes diferencias entre algunas lenguas romances. A este proceso también se añade la diversidad léxica de lo que se denomina “latín vulgar”: el tamaño del Imperio Romano y la ausencia de una norma literaria y gramatical resultaron en una lengua vernácula no fijada. De modo que cada zona del imperio utilizó un "sabor" particular del latín vulgar (se debería incluso decir “de los latines vulgares”), como se ha visto más arriba, una lengua prefiriendo un término para decir “casa” (latín casa en castellano, catalán, italiano, siciliano, portugués, rumano), otra lengua prefiriendo un término diferente (mansio para el mismo sentido en francés maison) y otra prefiriendo el término “domo” (domus en latín y en sardo), por ejemplo. editar Teoría del substratoA estas dos razones se añade la presencia de substratos: lenguas habladas inicialmente en una zona y recubiertas por otra, no dejando más que trazas dispersas, tanto en el vocabulario como en la gramática o en la pronunciación en la lengua de llegada. Así, el substrato galo en francés deja unas 180 palabras, como braies, char o bec y estaría en el origen del paso del sonido /u/ (de luna) latín a /y/ (de lune). Naturalmente, la influencia del galo no se limitó solamente a Francia: el portugués o los dialectos de la Italia del norte, por ejemplo, han tomado algunos términos. Igualmente algunos estudiosos consideran que un idioma que sirvió de sustrato para las lenguas ibero-romanas fue el vasco, que posiblemente aportó al cambio /f/ al /h/ al inicio de las palabras en español (el latín farina se convirtió en “harina”), y palabras como “izquierda” (vasco ezkerra). O incluso el etrusco para el dialecto italiano de la Toscana, que le debería su gorgia toscana, es decir, la pronunciación de los sonidos /k/ como /h/ (inglés home) o /χ/ (alemán Bach; español jota). Hay que notar que tanto la teoría del substrato vasco como la del etrusco están desacreditadas actualmente. editar Teoría del superestratoFinalmente, el superestrato también ha jugado un papel importante en la diferenciación de las lenguas románicas: son las lenguas de pueblos, que habiéndose instalado en un territorio, no han conseguido imponer su lengua. Sin embargo, esas lenguas dejan trazas importantes. El superestrato fráncico (es decir, germánico) en Francia es importante; el vocabulario medieval está lleno, sobre todo en el dominio de la guerra y de la vida rural (así adouber, flèche, hache, etc., pero también framboise, blé, saule, etc., e incluso garder y sorprendentemente trop). El francés actual cuenta varias centenas de palabras heredadas así de lenguas germánicas. También el castellano tiene palabras heredadas en este caso del gótico (de los visigodos) u otras lenguas germánicas; palabras como “guerra” o las ya vistas en francés “adobar”, “flecha”, “hacha”, “frambuesa”, “guardar”, incluso nombres como Alfredo, Bernardo, Eduardo, Federico, Fernando (o Hernando), Gonzalo, Guillermo, Roberto, Rodolfo, Rodrigo, etc. Pero el superestrato que más se nota en el castellano es el árabe: de esa lengua provienen más de 4.000 palabras, entre las que hay topónimos y compuestos. La característica más remarcable es el mantenimiento casi sistemático del artículo árabe en la palabra, en cuanto que las demás lenguas románicas que han tomado prestado la misma palabra se han desembarazado de él a menudo. Así “algodón” (opuesto al francés coton, catalán cotó), del árabe al quṭun, algarroba (francés caroube, catalán garrofa), de al harūbah o también aduana (francés douane, catalán duana), de ad dīwān (que también da “diván”). Finalmente el rumano debe a las lenguas eslavas del entorno el vocativo, algunos términos léxicos así como procesos de palatalización y velarización diferentes de las demás lenguas románicas. editar Grado de diversificaciónSe puede dar aquí los resultados de un estudio realizado por M. Pei en 1949, que compara el grado de evolución de las diversas lenguas respecto a su lengua madre; para las lenguas románicas más importantes, si sólo se consideran las vocales tónicas, se obtiene, respecto al latín, los siguientes coeficientes de evolución:
Así es posible ver con facilidad el grado de variabilidad del conservadurismo de las lenguas románicas. La más próxima del latín fonéticamente (considerando únicamente las vocales tónicas) es el sardo, la más alejada, el francés. Este estudio es orientativo pero refleja una realidad verdadera, aunque puede conducir a errores. Por ejemplo, la variedad vocálica del francés, de la Edad Media a la actualidad se ha reducido, no habiendo por ello una “desevolución” del idioma, y el castellano, en lugar de cambiar el timbre vocálico, ha desarrollado una serie de diptongos que distinguen entre las antiguas vocales breves del latín y las largas. Respecto a otros aspectos de las lenguas, como por ejemplo el léxico, el rumano, es el que más se ha distanciado del latín. editar Lista de lenguas románicasLas lenguas románicas se clasifican en varios grupos, y cada uno puede a su vez comprender varios dialectos. Cabe notar que la elección de uno de estos dialectos como lengua oficial suele obedecer a razones políticas. Sea como sea, las lenguas románicas forman un continuo de numerosas lenguas cuyas diferencias mutuas son en ocasiones mínimas, llegando a ser intelegibles entre sí en la mayoría de casos (más de manera escrita que de manera oral, aunque fácilmente intelegibles), por ejemplo un hispanohablante puede comprender de la siguiente manera:
La lista siguiente se limitará a mostrar las lenguas más conocidas (entre paréntesis, el nombre en la propia lengua y año de su primera atestiguación conocida): editar Lenguas iberorrománicas
editar Pirenaico-Mozárabe
editar ItalianoItaliano (italiano, s. IX) con más de doscientos dialectos. El toscano florentino, promovido por Dante en el siglo XIII constituye la base de la lengua oficial italiana. Aunque tienen según varios autores categoría de lenguas y no sólo de dialectos el ligur (o zeneize), el piamontés, el lombardo, el véneto (todas las antemencionadas forman parte del conjunto de las lenguas galo-italianas); el napolitano (o campanio) y el calabrés, encontrándose por su parte subdivididos en dialectos y subdialectos. En cuanto al monegasco y al nizardo (nizzardo, nizard o niçois) son lenguas transicionales entre el italiano y el dialecto sudoriental del occitano llamado provenzal, las cuales a partir de la segunda mitad del siglo XIX han sufrido un fuerte influjo del francés.
editar Idioma dalmataLengua dalmáta, lengua muerta que se hablaba en algunas ciudades costeras de Dalmacia (costa de la actual Croacia). Tenía dos dialectos conocidos:
El idioma dalmático estaba relacionado con el idioma istrioto, hablado por unos dos mil habitantes del sur de la península de Istria y considerado por la Unesco en serio riesgo de extinción. Otra de las lenguas romanobalcánicas relacionadas al idioma dalmático es el idioma morlaco, una lengua neolatina del interior de la Dalmacia, que se considera extinguida desde el siglo pasado. editar Lenguas galorrománicas
editar Lengua francoprovenzalLengua franco-provenzal (francoprovenzal o arpitán, s. XIII, Méditations de Marguerite d'Oingt), conjunto de lenguas repartidas entre Italia (Valle de Aosta y Piamonte), la Suiza Romandia (cantones de Friburgo, Valais, Vaud y Ginebra y sur del cantón del Jura), Francia (Lyon, Saboya y sur del Franco Condado), se cree que el franco-provenzal es una mezcla entre lenguas de oïl y lenguas de oc. Está en vías de extinción. editar Lenguas occitanorrománicas
editar Lenguas retorrománicas
editar RumanoRumano (română ; atestiguaciones parciales en el s. XII, a. completa en el s. XV): lengua de la antigua provincia romana de Dacia cortada del resto de la llamada Romania. El superestrato eslavo tiene relativamente poca relevancia salvo en el léxico y el rumano se asevera como una lengua bastante conservadora. Se considera que posee cuatro dialectos:
editar SardoSardo (sardu o limba sarda, s. XI), hablado en Cerdeña. Es una de las lenguas romances más conservadoras, lo que se puede explicar dado su aislamiento geográfico. Ha conocido numerosos superestratos, entre los cuales el catalán y el español son los más relevantes. Se distinguen varios dialectos:
Las dos últimas variantes lingüísticas tienen muchos aspectos en común respecto a la primera.
editar SicilianoSiciliano (sichilianu o u sicilianu, hablado en Sicilia, Salento y Calabria). Es una lengua románica que tiene muchas influencias del griego, del árabe, del francés, provenzal, catalán y del castellano, del alemán y del latín. Esto es por la razón de que Sicilia ha sido siempre tierra colonizada y encrucijada de los principales pueblos mediterráneos. No obstante, el idioma tiene sustrato y palabras derivadas de antiguos pueblos como los sicanos (no indoeuropeos), sículos y élimos. Se distinguen tres dialectos fundamentales:
editar Lenguas artificiales derivadasEstas lenguas tratan de retomar elementos latinos (romances) tratando de ser neutrales a todas las lenguas romances actuales e incluso con otras lenguas los ejemplos más comunes son: Esperanto, Interlingua (probablemente el mejor ejemplo de neutralidad en las lenguas romances), etc. editar Ejemplos para comparar
editar Grados de inteligibilidad mutua entre las lenguas románicasLa siguiente tabla pretende mostrar las medidas de la inteligibilidad mutua entre las lenguas romances actuales, expresándola por el porcentaje de concordancia de los vocablos. La decimoquinta edición de Ethnologue (2005) el punto de referencia lo define por 85%: los valores superiores a éste, desde el punto de vista de la inteligibilidad mutua, podemos hablar de variedades lingüísticas o dialectos en cuanto a las lenguas comparadas, mientras que los valores inferiores a este porcentaje probablemente ya causarán dificultades en la comprensión de una lengua respecto al hablante de la otra estrechamente emparentada.50
editar Otros ejemplos
editar Véase tambiéneditar Referencias
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